La Era Sanders
En medio del obligado
ensimismamiento nacional, poco espacio queda para seguir otros acontecimientos de notable importancia
mundial, siempre de impacto para Latinoamérica y, por ende, para este país. Pero
apartándome del seguimiento - minuto a minuto - de la incalificable gallera en que se ha convertido este país, hemos
estado observando el proceso que conduce a la elección presidencial de los
Estados Unidos. (La escogencia del nuevo Imperator,
dirían gallos criollos del partido
colorado... )
La trascendencia de esta elección -más allá
de la obvia- consiste en un giro no antes visto de la forma de hacer política
en ese país y la aparición de inusuales personajes
en la carrera hacia la Casa Blanca. Esta elección no se asemeja a ninguna otra
en la historia, como señalan los analistas políticos de ese país. Este proceso, por sus características,
indica que podría estarse forjando un salto
adelante ( o, hacia atrás, dirán los del Tea Party) en la política norteamericana.
El sistema político de ese país esta dividido en dos grandes
visiones que conforman el llamado Establishment.
Una, la del Partido Republicano, que enarbola las virtudes del sistema de
mercado, sin restricciones operativas, círculos monetarios elitescos, bajos
impuestos para los ricos y de políticas sociales limitadas, inter alia.
La otra, el partido Demócrata, el ala jeffersoniano en que se
dividió del GOP, Viejo Gran Partido Republicano, de ideas liberales, de intervención
en la economía, de la igualdad racial y del favorecimiento de los movimientos
sociales, del internacionalismo y
el multilateralismo en la política
exterior.
Pero fue en el siglo pasado que, presidentes "con ideas progresistas" como Hoover (republicano), y los Roosevelt, en
particular FD Roosevelt (demócrata) acentuaron
las diferencias con los conservadores, dentro de sus propios partidos. Hoover rechazó desde el principio la máxima que
impuso en el mundo el ministro de Luis XIV, Colbert: "permitir que las
fuerzas del mercado encuentren su equilibrio por sí mismas". El
pensamiento hooveriano era, por el contrario, que el Estado debe intervenir, pero de manera
benefactora, creando alianzas permanentes entre el sector público, el privado y
los sindicatos. El segundo Roosevelt,
FDR, tomó prestado ese pensamiento progresista para su inmortal plan de acción:
el New Deal. Keynes reconoció que se inspiró en esas fórmulas
para sus planes por el bienestar de la humanidad, aunque después se pensara, al
revés, que Hoover tenía "teorías
keynesianas".
La "revolución de Bernie" incluye de forma relevante:
- Políticas destinadas a eliminar la enorme
desigualdad social imponiendo altos impuestos a los privados y empresas de
superiores ingresos.
- Incrementar los salarios.
- Crear empleo masivo para reparar la
decadente infraestructura.
- Detener acuerdos comerciales con China, y
otros como el NAFTA.
- Crear de puestos para jóvenes con
desventajas.
- sueldos y salarios iguales para la
mujeres.
- Crear universidades gratuitas en todo el país.
- Expandir la Seguridad Social eximiendo de
impuestos a los retirados.
- Crear un esquema gratuito y universal de
salud al estilo de Dinamarca o Noruega, Suecia (medicare for all).
- Aumentar por lo menos en tres meses los
periodos de reposo pre y post natal
- Crear programas gratuitos de cuidado
infantil en todo el país.
- Garantizar la fácil afiliación a
sindicatos.
- Dividir los grandes grupos financieros. Evitar la impunidad de Wall Street de "
too big to fail" (demasiado grande para quebrar), y reforma
integral del sistema financiero.
- Medidas urgentes contra el cambio climático.
- Una nueva política migratoria de
oportunidades humanitarias.
- Mayor justicia racial y atención a los
veteranos.
- Reforma rural.
Este es un programa que para muchos puede sonar "muy socialista" . Es básicamente
un típico proyecto de la izquierda del norte de Europa, mezcla de programas de
la social- democracia y de partidos
socialistas. Sanders ha manifestado su admiración por el sistema danés.
Lo que nos parece importante es que independientemente de que Bernie
Sanders no gane la nominación demócrata, puede uno considerar que ha abierto, como
Trump, una escisión en el establishment con
importantes repercusiones. Entre otras, sorprendió a la clase política que, el candidato de mayor edad, sea capaz de
arrastrar enormes multitudes de jóvenes que desean universidades gratuitas,
oportunidades en su futuro y no quedar endeudados una buena parte de su vida.
Asimismo, que pudiera recabar fondos con records históricos por medio de
contribuciones individuales en muy pequeñas cantidades, al contrario de lo
usual, donde los que realmente aportan a las campañas son las
grandes corporaciones o individuos muy pudientes.
Es posible que la aparición anti-sistema de Sanders y de Trump en la
política, introduzca transformaciones inesperadas para la clase dirigente.
Si comenzara -y no estemos
equivocados- un nuevo escenario en el
entorno washingtoniano, el invisible manto de Reagan que ha sobrevivido hasta Obama, pudiera
empezar a desaparecer. El espíritu humanista de aquellos presidentes americanos, como FDR, podría reformar los valores políticos -hoy
enfrentados hacia la mutua destrucción- en Capitol Hill. Hacia ello parecen que
contribuyen, sin confabularse, Sanders y Trump. Si gana Hillary la presidencia, algunas de las
verdades que el fugaz Sanders puso en la agenda, podrían ser adoptadas por futuros presidentes, ( incluso Trump ya ha
dado indicaciones en ese sentido) reconociendo
-antes de que sea tarde- el mensaje de multitudes desafectas de la política
actual y de sus resultados sociales . Irónicamente, estaríamos a las puertas de lo
que podríamos llamar, la era Sanders.
© Vicente E Vallenilla. 2016.

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